Oye tu web. Así suena una tienda online para quien no ve la pantalla.
Analizador de accesibilidad web: tu nota gratis en dos minutos y el informe con los arreglos desde 49 €.
- «Imagen.»
- «Imagen.»
- «Imagen.»¿qué imagen?
- «Enlace: ¿Necesitas ayuda?»
- «Botón: Buscar.»
- «Enlace.»¿adónde lleva?
- «Botón: ‹.»
- «Botón: ›.»
- «Enlace.»
Así nombra un lector de pantalla los primeros enlaces, botones e imágenes de dos tiendas españolas que analizamos en octubre de 2026. Las imágenes y los enlaces sin nombre no dicen nada a quien no los ve.
Pasa en tiendas, ayuntamientos, clínicas, hoteles… Desde el 28 de junio de 2025, la Ley 11/2023 (la Ley Europea de Accesibilidad) obliga a arreglarlo a las tiendas online y a servicios como la banca, el transporte o las telecomunicaciones, salvo si son microempresas, y a las administraciones desde 2018; para el resto, es clientela que se pierde. Escribe la dirección de tu web y te decimos, gratis, qué le pasa.
Por qué lo hacemos
Empezamos porque creemos que una web es un sitio público. Si una persona ciega, con baja visión o que solo puede usar el teclado no consigue comprar, pedir cita o leer una factura, esa web le está cerrando la puerta.
Casi nunca es mala fe. Son imágenes sin descripción, botones sin nombre, enlaces que no dicen adónde llevan o textos tan pálidos que apenas se leen. Cosas en las que nadie repara hasta que alguien tropieza con ellas. Nos pasó a nosotros: nuestra propia web sacó un 80 sobre 100 y nadie nos lo había dicho nunca. La arreglamos en una tarde. Así quedó su informe.
Para medir hasta dónde llega el problema, en octubre de 2026 analizamos la portada de 5.000 webs muy visitadas de siete países europeos. En las españolas:
- 92 % tienen fallos que una máquina detecta en un minuto.
- 54 % tienen al menos uno crítico, de los que impiden usar algo.
- 67 % no enlazan la declaración de accesibilidad.
España sale, con Portugal, a la cola (estudio propio, solo de las portadas). Y quien no ve la pantalla tiene derecho a saber qué hay detrás de un enlace.
No es solo cosa de la ley. En España hay más de cuatro millones de personas con alguna discapacidad, y una de cada cinco personas tiene más de 65 años. Una web con buen contraste, botones que se pueden pulsar y textos claros la usa mejor todo el mundo: en el móvil, al sol o con prisa. Y quien no puede comprar en tu tienda compra en otra.
Qué te damos y cuánto cuesta
- Gratis
- Tu nota automática de 0 a 100 y los tres fallos que más se notan, explicados sin tecnicismos.
- 49 €
- IVA incluido. El informe: cada fallo, dónde está en tu web y cómo se arregla. En PDF, para pasárselo a quien lleve tu web.
- 149 €
- IVA incluido. El informe ampliado: todo lo anterior y una revisión automática más a fondo de las 3 páginas principales y hasta 24 imágenes, con el texto alternativo y el nombre propuestos para cada imagen y botón, listos para copiar. Incluye el borrador de tu declaración de accesibilidad.
- A medida
- Te lo arreglamos nosotros. Pide presupuesto y te contestamos en 24 horas. Estamos preparando también revisiones con personas ciegas.
Ver un informe ampliado de ejemplo, de una tienda ficticia que hemos montado con los fallos más habituales.
Pago único, sin suscripción. Durante 30 días, cuando arregles los fallos, te rehacemos el informe gratis (hasta 3 veces) para que veas que los arreglos funcionan.
Sin widgets ni «botones mágicos» que se pegan encima de la web: no arreglan nada, muchas personas ciegas los desactivan y en Estados Unidos las empresas que los usan siguen recibiendo demandas. Te decimos qué cambiar en tu web para que funcione de verdad.
¿Llevas varias webs o eres una agencia? Escríbenos y lo hablamos. Qué medimos y qué no.
Si eres una persona ciega o una asociación
¿Hay una web que no puedes usar? Cuéntanoslo: te damos gratis su informe completo para que puedas reclamar. Y si eres una asociación de personas con discapacidad, tus informes son gratis.
Preguntas
¿A quién obliga la ley?
Desde el 28 de junio de 2025, la Ley 11/2023 exige que sean accesibles ciertos servicios que las empresas prestan a consumidores: comercio electrónico, banca, transporte de viajeros, telecomunicaciones y libros electrónicos, entre otros; para contratos y productos anteriores a esa fecha hay periodos de transición, como mucho hasta 2030. Las administraciones públicas están obligadas desde 2018 (Real Decreto 1112/2018). Las microempresas (menos de 10 personas y no más de 2 millones de euros de facturación o de balance) quedan fuera de esos requisitos en los servicios, pero sus clientes no quedan fuera de las barreras: una web que todo el mundo puede usar vende a más gente. Las sanciones son las de la normativa de cada sector y, si esta no dice nada, las de la ley general de derechos de las personas con discapacidad: de 301 € a 1.000.000 €, según la gravedad. Esto es orientativo: para tu caso concreto, consulta con tu asesor.
¿Con esto ya cumplo la ley?
No del todo, y nadie que lo analice solo con una máquina te lo puede garantizar. Es un buen primer paso: la lista de fallos medibles y cómo arreglarlos. Un análisis automático encuentra en torno a un tercio de los problemas posibles, y el informe ampliado llega más lejos, pero procesos como comprar o registrarse los tiene que revisar una persona. Lo que sí te damos es una lista clara de lo que hay que arreglar y el borrador de la información de accesibilidad que la ley pide publicar (la declaración, si eres una administración).
¿Cómo se calcula la nota?
Cuenta cada tipo de fallo según lo grave que es para quien se lo encuentra, a cuántos elementos afecta y en cuántas páginas aparece. Si hay algo que impide usar la web a una persona ciega, la nota no pasa de 79, y si se repite, de 49. Una nota alta no significa que la web sea accesible: significa que el análisis automático encuentra pocos fallos.
Mi web ya tiene un widget de accesibilidad. ¿No basta?
No. Esos widgets se ponen encima de la web y no cambian lo que hay debajo, que es lo que lee el lector de pantalla. Muchas personas ciegas los desactivan porque les estorban. Te avisamos si tu web lleva uno.
¿Tocáis algo de mi web?
No. La visitamos como lo haría cualquier navegador, despacio, con una pausa entre página y página.